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¿Qué es el Libro de los muertos egipcio?

¿Habías oído hablar del Libro de los Muertos Egipcio?

El “Libro de los muertos” realmente no es un libro con capítulos, sino un conjunto de himnos funerarios “para salir al día”. Primero estuvieron sólo en las tumbas y cámaras funerarias de las pirámides faraónicas, luego, en los sarcófagos de faraones, nobles y altos funcionarios; al final, en papiros o lienzos de lino, incluso en los enterramientos de ciudadanos particulares.

Los textos primeros se componían de fórmulas mágicas que describían el viaje del faraón por el inframundo, alejaban los peligros del Duat, ayudaban a superar el juicio de Osiris y aseguraban un feliz más allá con la incorporación a los dioses en el Aaru o paraíso. Se sabía que la temible serpiente Apopi y otros peligros atacaban en el submundo, de noche, la barca solar de Ra, para que éste no pudiera renacer en la mañana. Pero Shu, dios del aire, protegía a Ra y atacaba a la dañina Apopi. Shu era el fiscal de las almas y determinaba si podían vivir en el más allá. Todo dependía de la perfección moral y espiritual.

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Recordamos que una versión del “Libro de los muertos” se titula ‘Capítulos para perfeccionar el Ka’. Se trata de liberarse de deseos egoístas, de malas voluntades, de pensamientos perversos. Ra e Isis ayudan al Alma para pasar en barco durante las noches terribles. El hombre verdadero tiene una anatomía oculta, psíquica, bien estructurada, libre de deseos (representados en el demonio Apopi y los demonios de Seth). Así, se cumple la iniciación y el Alma traslúcida puede decir: “yo soy Horus”. Isis es la fuerza psíquica que destruye el egoísmo. Quien cumple esto tiene derecho de “llevar la Serpiente en la frente y sentarse como los otros Osiris se sientan”. Estas almas selectas pueden subirse en la sala de las dos Maat para hacer la confesión negativa (el famoso capítulo 125, Papiro de Ani).

Los auténticos faraones y hombres verdaderos son, por tanto, “hijos de Ra”, “ espíritus seguidores de Horus”. La psicología original, la más antigua, se enseñaba a la sombra de las pirámides y estuvo ligada íntimamente a los principios religiosos: Ra, Horus, Osiris, Isis, Hermes, Anubis se pueden localizar también dentro del ser humano como fuerzas particulares y luminosas de su ‘esencia’. El objetivo era llevar a la esencia a resucitar en Osiris y al Osiris particular a resucitar en su esencia.

Presencia egipcia en España y Europa

Una conexión importante entre los cultos religiosos egipcios y tartesios (en la España antigua) se relaciona con las ceremonias que ocurrían en el “País del ocaso”. Suponían los egipcios que el reino de la muerte se hallaba en la extremidad occidental del mundo, la parte misteriosa del universo por donde desaparecía el Sol y se alzaba Venus (Véspero), las comarcas sagradas y tenebrosas a donde iba –como menciona el “Libro de los muertos”- la barca del Sol, conducida por los espíritus del bien, en busca de la residencia de Osiris (el Sol de media noche), una especie de campos Elíseos o islas bienaventuradas (Hespérides).

La barca del sol en los viajes de Hércules a Tartesos; la presencia del perro guardián del infierno, hermano del perro que vigilaba los toros de Gerión; los cultos infernales de Tartesos; el gran número de bosques, promontorios e islotes sagrados en las comarcas tartésicas nos revela una cierta identidad entre las liturgias egipcias y tartésicas.

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El paso de los egipcios “buscadores de metales” de Europa está relacionado, con toda seguridad, con los nuevos ritos funerarios y el culto a los muertos, con una grandeza que no se ha producido en ningún otro momento de la historia. Sus gentes son enterradas en sepulturas subterráneas, en cámaras excavadas en la roca, en grandes salas cubiertas con falsas cúpulas. Es evidente que estas ansias de inmortalidad o culto a los antepasados tiene un paralelismo con los constructores de pirámides. Algunos historiadores españoles (como Maluquer) han llamado a los cementerios tartesios, como en Egipto, “ciudades de los muertos”, señalando que su esmerada construcción contrasta con la descuidada arquitectura de los poblados.

Estas ideas del más allá, sustentadas por los “metalúrgicos del sur”, hicieron que buena parte de Europa se plagara materialmente de monumentos megalíticos, distintos en aspecto y formato, pero inspirados en el mismo sentimiento ante la muerte. Los expertos reconocen, a regañadientes, que esta influencia religiosa viene con claridad de Egipto y que no es posible cerrar los ojos ante su evidencia.

Entre los cultos religiosos de egipcios y tartesios hay grandes concomitancias. El culto solar determinó en Egipto la elaboración de una teología, relacionada con la construcción de los templos solares de las pirámides. Horus, el dios-halcón, es la divinidad del sol incipiente; Khonsu es el dios lunar de Tebas; Atum, el sol de la tarde, de Heliópolis. La religión asociada a las construcciones megalíticas estaba sin duda relacionada con el culto solar. Cultos a las divinidades solares se fueron extendiendo por el occidente de Europa y se atestiguan con las ruedas y los círculos radiados.

Los mismos ‘targi’, hombres azules del desierto, descienden de Osiris, esto es, los egipcios. En la creencia del tuareg se incluye la adoración de la cruz, otro símbolo solar, de los ritos ígneos, que figura en su alfabeto, en sus armas, en los dibujos de las vestiduras, en el tatuaje de frente y manos. Su dios único es Amanai. También tienen creencias en el infierno y en el paraíso, poblado por ángeles, según los estudios de Pierre Benoit.

Egipcios muertos

En Tartesos también hubo culto solar y culto lunar en numerosos templos y lugares especiales. Algunos han llegado a nuestros días, como el templo de la “Luz del Atardecer”, en el término de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Su culto perduró hasta bien entrados los tiempos romanos.

Del mismo modo que este ceremonial del “País del ocaso”, las leyendas sobre la Atlántida, escritas en libros históricos por los sacerdotes de Sais, nacieron en Egipto, aunque entraron en nuestra civilización occidental a través de los helenos.
Jose Enrique 18 diciembre 2017

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