Castillo Calhorra

Castillo-palacio de la Calahorra

El castillo-palacio de Calahorra es uno de monumentos más bonitos de Granada.

Castillo-palacio de don Rodrigo de Mendoza

Construido por el marqués de Zenete, don Rodrigo de Mendoza, entre 1509 y 1512 en sus posesiones cerca de Guadix, posee un acusado contraste entre el exterior, de carácter cerrado y militar, y el interior refinado y cortesano, reflejo de los ideales humanistas de Italia.

La Calahorra controlaba el camino de la Ragua y se convirtió en capital del Marquesado, a inicios del siglo XVI. En esta localidad (que en su iglesia parroquial de la Anunciación tiene un buen exponente de arte mudéjar) eligió construir su palacio don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, hijo del culto cardenal don Pedro González de Mendoza.

La construcción del castillo se puede explicar por los intereses políticos y estratégicos de la Corona de Castilla, que todavía creía necesitar a la casa noble de los Mendoza. En general, el poder real tendía a destruir las fortalezas para mostrar la superioridad sobre todos los súbditos, incluida la nobleza feudal. El castillo-palacio de La Calahorra obedece no sólo a una estrategia de la realeza, sino también a un propósito de familia, de prestigio nobiliario.

La importancia de una familia noble

Don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, marqués del Zenete, hombre de armas, excelente latinista, de fino gusto, pertenecía a una familia de nobles de cultura humanista, que han dejado otros monumentos como el palacio de los Mendoza, realizado por el arquitecto Lorenzo Vázquez; las obras del sepulcro para el cardenal-arzobispo de Sevilla Diego Hurtado de Mendoza, realizadas por Domenico Fancelli.

La relación del humanista Pedro Mártir de Angleria con Diego de Mendoza, hijo del primer conde Tendilla, y la compra del “Libro de dibujos o Antigüedades”, conocido desde 1576 como “Codex Escurialensis”, durante la estancia de éste en Italia nos hacen comprender que los conocimientos de cultura clásica de la familia sobrepasaban la simple imitación plateresca y se apoyaban en referentes literarios.

El castillo se edificó sobre la colina que domina el Marquesado del Zenete; su base es una antigua fortaleza hispanoárabe. El castillo se construyó de 1509 a 1512 y sufrió importantes modificaciones. Presenta planta rectangular, cuatro torres en los ángulos, cubiertas con cúpulas pequeñas; patio central y dos pisos de alzada. Su única puerta de acceso se sitúa en el lateral del muro este, es de pequeñas dimensiones, de arco de medio punto abovedado. Sobre la puerta, vemos el escudo de la segunda esposa del marqués, doña María de Fonseca, en cuyo campo aparecen las armas de la familia Mendoza y flores de lis que hacen referencia al duque de Medinaceli. El exterior sólo abre algunos vanos enrejados que no permiten vislumbrar el tratamiento palaciego interior.

El comienzo del Renacimiento en España

El palacio es pionero por introducir el Renacimiento en España. El espíritu renacentista se manifiesta en el patio con galerías desarrollado en dos alturas, con cinco arcos sobre columnas de capitel corintio en cada nivel. Ambas galerías se cubren con bóvedas de arista que apoyan en ménsulas, con tirantes de hierro que absorben los empujes; tales elementos italianos son nuevos en la arquitectura española.

La escalera monumental, en el centro del lado oeste, condiciona por su amplitud el resto de los espacios. El cuerpo de la escalera rompe la estructura medieval del castillo.

En la construcción intervinieron canteros, tallistas y artistas españoles e italianos, como Lorenzo Vázquez, arquitecto de los Mendoza, y Michele Carlone, que dirigió primero los trabajos desde Génova y después desde el propio palacio.

Las referencias mitológicas del palacio

En los nichos laterales de la portada de ingreso, concebida como un arco de triunfo, al Salón de los Marqueses (o de la Mitología) hay una alegoría de la Abundancia, con la tradicional cornucopia y con túnica clásica, que se refiere a Proserpina, hija de Ceres y esposa de Plutón; otra alegoría de la Fortuna sobre barca y con los ojos vendados, que se refiere al azar inestable; y en lo alto un friso donde se representa el frente de un sarcófago con dioses marinos y tritones, de los más hermosos del Renacimiento español. En la parte derecha del friso vemos un Dionisio barbudo sobre un tigre y en la izquierda a Aquiles joven sobre el centauro Quirón. En la parte inferior de la portada se hallan representados Hércules desnudo con la clava, y Apolo, vinculado a Hércules por la consulta al oráculo de Delfos y la orden de hacer los 12 trabajos.

El retiro voluntario del marqués, en 1508, a Granada plantea un enfrentamiento dialéctico con la Corte, que se muestra en un programa iconográfico concreto desarrollado en la mitología, la alegoría, la epigrafía y la heráldica en el palacio de La Calahorra.

El repetido lema que aparece en las enjutas de los arcos “Uxorus munus” (regalo de esposa) así como la larga inscripción que figuraba en la galería baja donde justifica la construcción, obligado por decisiones injustas de la Corte relacionadas con sus segundas nupcias, a la que se une esa beligerante inscripción que situó en la puerta de la fortaleza, obligan a pensar no en un sitio de carácter religioso o iniciático, sino en la concreción de unas ideas propias de un príncipe renacentista tanto políticas como referentes al estatus nobiliario.

En consecuencia, las referencias mitológicas, ya sea a través del “Codex Escurialensis”, o bien por medios más directos (su viaje a Italia, 1506-1508), elementos míticos con imágenes alusivas al valor y a la virtud (en sentido profano) que se concretan en un linaje determinado mediante el empleo de la heráldica hasta la saciedad, llevan a pensar en el palacio como símbolo del poder de un noble que, enraizado en una tradición medieval y refinado por el tratamiento italiano del interior, no puede dejarse intimidar por planteamientos de Corte que no reconoce sus méritos individuales y se deja influir por cuestiones de decoro.

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